martes, 28 de junio de 2011

Al fin de la batalla electoral...

Al fin de la batalla electoral,

y muerto el combatiente,
vino hacia él su inexistente flaca
y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Se le acercaron sus primos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor!
¡Vuelve a "Mi Delicia"!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Vinieron sus hermanos de la iglesia,
«¡Te vamos a extrañar!
¿Quién nos llevará la contra?»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo

Vino sonriente Romina Antoniazzi,
«¡No te vayas! No verás mi sonrisa...»
El cadáver suspiró, la pensó dos veces
Pero luego ¡ay! siguió muriendo

Vino muy seria y apresurada su mamá,
«¡¡¡Levántate hijo!!!
Te estás ensuciando la ropa...»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo

Acudieron a él veinte, cien, mil,
quinientos mil votantes de Ollanta
«¡Tanto amor y no poder
nada contra la muerte!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!
¡Ya viene Pensión 65!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces todos los hombres de la tierra le rodearon;
les vio el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó a su flaca inexistente;
echóse a andar...
 
(Obviamente basado en el inmortal poema MASA, de César Vallejo.)