viernes, 27 de noviembre de 2009

La Verdadera Leyenda de los Hermanos Ayar

Un día, cuando el desorden y el caos campeaban, y las tribus se enfrentaban unas a otras, un terrible sismo y una lluvia torrencial sacudieron al Cuzco y sus alrededores. Y en el cerro Tamputoco se abrieron cuatro ventanas, y por ellas salieron cuatro hermanos: Ayar Feque, Ayar SQA, Ayar Juji y Ayar Alan. Detrás de ellos sus respectivas mujeres: Mama Feca, Mama Nancy, Mama Juja y Mama Apra.

Apenas habían salido, cuando Ayar SQA proclamó: “I am a space invader”.Los otros hermanos, extrañados, lo miraron y se distanciaron, temerosos de desprestigiarse ni bien llegados.

Ayar Alan por su lado proclamó que él tenía el don de convencer a la gente y que él iniciaría el cambio responsable por el que la gente clamaba. Junto con Mama Apra empezó a formar su propia tribu, los apritas, quienes supuestamente traerían el bien a todos, pero que empezaron a realizar tropelías del peor tipo.

Debido a esto los otros hermanos se organizaron y decidieron detenerlo. Lo capturaron y tras un juicio sumario, lo despanzurraron, y arrojaron a un lugar en las afueras del Cuzco. Mama Apra fue desterrada, y los infames apritas se desbandaron.

Los hermanos restantes se reunieron para decidir los pasos a seguir. Pidió la palabra Ayar SQA quien dijo de inmediato: “I am a space invader”. Ayar Juji le dijo que se deje de hablar cosas en inglés, que recordase que estaban en el Cuzco y que hablase en quechua. Se enzarzaron en terribles discusiones, mientras Ayar Feque se daba cuenta que debía trabajar sólo.

Tras semanas de diferencias, y hastiados al ver que no convencían a Ayar SQA, Ayar Juji y Mama Juja se transformaron en aves y huyeron hacia el sol. Victorioso, Ayar SQA proclamó por tercera vez: “I am a space invader”, pero como castigo por hablar tantas rocas fue convertido en estatua de piedra. Mama Nancy, inconsolable, se quedó llorando junto al monolito que recordaba al extravagante Ayar SQA.

Ayar Feque y Mama Feca llegaron al Cuzco, donde organizaron a las tribus, pusieron orden y buenas costumbres y trajeron la paz y la prosperidad en la zona, sembrando así la semilla del futuro Tahuantinsuyo.

Antes de morir, Ayar Feque profetizó el retorno futuro del maligno Ayar Alan, pero advirtió también de la llegada en esos tiempos de un valeroso guerrero, Ollantay, quien enfrentaría a Ayar Alan. Era, sin embargo, responsabilidad del pueblo ayudar a Ollantay, pues de otro modo, Alan vencería y llegaría una nueva era de tinieblas sobre el imperio.

En la actualidad, el lugar donde fueron arrojados los restos de Ayar Alan es utilizado como vertedero municipal. Y si uno en las noches pega el oído a las ruinas de la estatua de piedra en que se convirtió Ayar SQA, escucha todavía el ruido de piedritas en su interior, yendo sin sentido de un lado a otro y escucha el lamento eterno de Mama Nancy, que llora a su amado...

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