Sé que muchos de mis amigos y hermanos evangélicos estuvieron sorprendidos por mi voto por Susana Villarán. La mayoría de cristianos evangélicos no votaron por ella, prefirieron al pastor Humberto Lay o votaron por Lourdes justamente para que no salga Susana. Acá van mis razones.
El principal argumento en el sector evangélico contra el voto por Susana era su postura a favor del aborto, de legalización de algunas drogas y del matrimonio homosexual.
Estoy en contra de esas posiciones de Susana Villarán.
Pero había algo no resaltado en las posturas de los otros candidatos: Su apoyo a mantener el esquema social y económico que vivimos. Un esquema de pobreza, injusticia, desigualdad y corrupción.
El Perú es el país más desigual en distribución de ingreso de Sudamérica. Nuestro crecimiento económico va a unas pocas manos. Nadie habla de subir el sueldo mínimo vital. Si tú ganaras 600 soles mensuales, ¿podrías sostener una familia?
La mayoría de políticos apoyan esta situación. Los últimos años ha habido un cogobierno del Apra, Unidad Nacional y el fujimorismo. El apoyo de muchos empresarios, de la mayoría de la prensa (perteneciente a los mismos empresarios) y del Opus Dei (Cardenal Cipriani) es obvio.
El pobre pasa grandes problemas. Por ejemplo, si eres pobre y te enfermas Conozco una hermana en la fe que tenía TBC, casada, madre de una niña. En el hospital Bravo Chico le dijeron que necesitaba medicinas carísimas. El hospital no se las iba a dar (es que no hay dinero para medicinas, pero sí para exonerar mineras de pago de impuestos). De no ser por la ayuda de una ONG, esta hermana hubiera muerto. Ella asistía a una Alianza Cristiana de un distrito de clase media de Lima. Si eso pasa en Lima, ¿qué pasará con los hermanos de provincia? ¿y qué tal si hubiera sido una hermana de una de las provincias más pobres del Perú?
La pobreza genera violencia y delincuencia. ¿Quieres que tengamos más ladrones y sicarios? ¿Quieres que aumente el pandillaje? ¿Quieres que en unos años tengamos una mafia como los zetas en nuestro país? Apoya el mantenimiento de la injusticia social.
Estos son sólo dos ejemplos. Yo no quise apoyar a los partidos que están contentos con esta situación. Preferí votar por una candidata de izquierda, con notorio compromiso social, a pesar de mi desacuerdo en los temas ya mencionados.
Respecto al pastor Humberto Lay, a quien tengo el privilegio de conocer personalmente, no voté con él justamente por política económica. El está demasiado cercano a Pedro Pablo Kuczynski, quien tiene ideas liberales, que en mi opinión sólo perpetuarán la terrible desigualdad de nuestro país. No quise apoyar una posible candidatura de PPK.
Creo que el aborto, la droga y el matrimonio homosexual son nefastos. Creo que son cosas del enemigo. Pero me parece que, en nuestra realidad, más nefasta es la pobreza. La pobreza hace que la gente se deprima, se corrompa, se refugie en vicios. Hace que papá y mamá salgan a trabajar y los niños queden solos, sin guía, sin cuidado, sin formación. Luego, que no nos sorprenda si esos hijos tienen bajas calificaciones, o caen en embarazo adolescente, o entran en pandillas.
La pobreza, además, causa desnutrición y enfermedades, físicas y mentales. La pobreza corrompe al hombre. Lo hace presa fácil del enemigo. Como cristianos no podemos favorecer la pobreza.
Por otro lado, ¿por qué nos preocupamos tanto por una postura a favor del aborto y no nos preocupamos por el aborto que existe actualmente? Lima está plagada de letreritos que dicen “Atrazo Menstrual” (así, mal escrito) y un teléfono celular. Son centros de aborto. Por estas prácticas es que muchos dicen “legalicemos lo que de hecho ya existe”. Creo que como cristianos deberíamos presionar para que se cumpla la ley y se persiga a los que hacen abortos clandestinos hoy. Pero lamentablemente ni pensamos en eso, sólo nos preocupa lo que la prensa dice que es preocupante. Y allí si nos ponemos militantes. En cuestiones políticas, no tenemos una agenda propia, obedecemos a la agenda que nos pone la prensa.
En cuanto a la droga, igualmente. Nos preocupamos sólo de la propuesta de “legalización”. ¿Pero nos hemos puesto a pensar, que en Lima todos los drogadictos saben dónde venden drogas, incluso los que no somos drogadictos conocemos algunos puntos, pero la policía no hace nada? Sí, hacen grandes operativos para ver si los carros tienen SOAT (no creo que sea por encargo de compañías de seguros… ¿o sí?) o de vez en cuando entran a Mesa Redonda o el Hueco y arrasan con la mercadería de contrabando o la que viola derechos de propiedad intelectual o con los productos piratas (supongo que esto es mil veces más malo que la droga, para quienes ordenan estos operativos). ¿Cuándo fue la última vez que nos enteramos de un operativo con 100 policías de madrugada para perseguir a distribuidores de droga…? Yo no lo he visto nunca. Ni de madrugada ni de día. Pero en Mesa Redonda lo han hecho varias veces con más de 100 policías… ¿Cómo cristianos, esto nos preocupa?
En cuanto al matrimonio homosexual, creo que esto es algo que no se frena por decreto, sino por influencia. Recuerdo que hace años la iglesia hizo “Marchas por Jesús”. Era un evento excelente. Igual, creo que debiéramos hacer marchas por el respeto al matrimonio o contra el aborto, exigiendo que se persiga a los centros de aborto clandestino.
Pero aquí entra a tallar nuestra desidia como cristianos. Somos flojos. Para un concierto sí iríamos miles, para un evento así, no. Recuerdo hace años, la última vez que vino Luis Palau, animé a decenas de hermanos a ir a recibirlo al aeropuerto y a salir a hacer publicidad para su campaña evangelística. Sólo unos diez respondieron, y esos pocos hicimos la recepción en el hotel donde se hospedó y la publicidad por las calles. Pienso, ¿no sería bueno que como iglesia nos movilicemos más por la justicia verdadera que por lo que está de moda? ¿O estamos esperando que la ley pro-aborto o la ley de matrimonio homosexual estén a punto de salir para recién movilizarnos y que todos nos tachen de cucufatos porque para ese momento ya la opinión pública estaría a favor de esos cambios? ¡El tiempo de actuar es ahora! ¡Hay que ganar a la opinión pública! La iglesia evangélica era militante. Ahora nos estamos volviendo flojos y complacientes.
Una razón más por la que voté por Susana Villarán es el problema de la corrupción. Lourdes Flores llevaba entre sus candidatos a regidores al hijo del alcalde Castañeda (garantía de no fiscalización a la gestión municipal actual), además de que ha gobernado de la mano con el aprismo y con los fujimoristas, sin ser oposición para nada y sin reaccionar decididamente frente a los incontables casos de corrupción. Y eso, sin contar con su asesoría (muy bien pagada) al sospechosísimo Cataño. Kouri por su lado había hecho un peaje que era un monumento a la corrupción y tenía lazos con Montesinos y la cleptocracia de Fujimori.
Yo no podía votar por estos candidatos. Era necesaria sangre nueva. Sólo Susana Villarán y Humberto Lay, entre los candidatos principales, mostraban solvencia moral. La única que ofreció auditar la gestión del alcalde Castañeda era Susana Villarán. Eso me parecía un paso importante. Porque no podemos dejar que la corrupción avance y medre en nuestro pobre país, donde ni el dinero ni los recursos sobran como para dejar que se los roben.
Ningún candidato era de mi agrado. Pero voté por quien creía que era mejor para nuestro país. Y lo hice con alegría y entusiasmo. Toledo tampoco era de mi agrado, pero en su momento era la opción para rescatar a nuestro país de la corrupción. Y creo que cumplió ese cometido, aunque la iglesia miraba con temor a aquel hombre acusado de cocainómano y promiscuo y mal visto por no reconocer a su hija. Creo que no me equivoqué. Y espero esta vez tampoco equivocarme. Aunque infalible no es nadie, sólo Dios. Que El ayude a nuestro país.
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mt. 5:6)
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